Diez estrategias para educar a los niños en inteligencia emocional

Managua 04 de Abril del 2017 Maria Auxiliadora Alfaro directora del centro de desarrollo sicosocial P. Ignacio Martin Baro, de la UCA. Foto:Jader Flores/LA PRENSA




Que los niños aprendan a comprender, interpretar, expresar y reaccionar ante sus emociones y las de los demás es el mejor concepto para describir la inteligencia emocional, básica para que cualquier niño pueda tener un desarrollo integral adecuado, y pueda afrontar mejor los retos que se le plantean en la vida cotidiana. Según María Auxiliadora Alfaro, especialista en psicología clínica infanto juvenil, la inteligencia emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que inicia en la familia y se prolonga después en la escuela.

 

“Esta escuela emocional funciona no sólo a través de lo que los padres dicen o hacen  directamente  a  los  niños,  sino  también  en  los  modelos  que  ofrecen  a  la  hora  de  manejar sus propios sentimientos. Si  desde que  nace el niño  ha  podido disfrutar de un vínculo seguro tendrá una mayor autoconfianza y sabrá controlar mejor sus emociones: intentará superar cada reto y tratará de perseverar, aunque no siempre con éxito, pero sabrá que cuenta con apoyos en su relación con los demás. Los padres juegan un papel importante en la educación del niño”, sostiene la también máster en Violencia y Salud Mental.

El entorno escolar y más tarde el social, proporcionarán al niño muchos de los referentes que le conformarán en el futuro y que utilizará como patrón de comportamiento en su desenvolvimiento diario. “Así los padres, profesores y sociedad, en general, tienen el compromiso mutuo y la complementariedad de sus funciones en ese proyecto común que es educarle emocionalmente”. Pon en práctica estas estrategias para educar a los niños en inteligencia emocional:

Empatía

Poniéndonos a su nivel e intentando pensar como ellos, según su edad, lo que les gusta y lo que les disgusta. Utilizar momentos de comunicación en los que no nos obstaculice nada, ni las prisas, ni otras tareas que tengamos pendientes  de hacer, mostrarles señales que muestren que se les escucha y que lo que nos cuenta es importante para el adulto: asintiendo, mirándole a los ojos, preguntándole, estando próximo a ellos.

Temas de su interés

Hablarle de lo que más le gusta, de sus inquietudes, de lo que le pasó en el colegio, etc. Esta  forma de comunicar, debe de ser aceptada y generalizada en el hogar y la escuela, para que se le motive entre todos.

Refuerzo social

Utilizar refuerzo social mediante elogios y manifestaciones afectivas y esto ayudará al niño a ver importancia de las relaciones sociales a lo largo de toda su vida. Es una tarea que se les debe ir trabajando desde el principio, desde muy pequeños, ya que absorben todo y son capaces de aprender las emociones a las que están expuestos.

Autocontrol

El autocontrol necesita desarrollarse y en ocasiones pueden reaccionar con rabietas, enfados, o incluso manifestar ira contra los padres, profesor u otro alumno. En estas ocasiones hay que mantener la calma, acercarnos al niño y hablarle de forma tranquila; así nuestro comportamiento lo tomarán como ejemplo y podrá apreciar que el estar relajado les proporciona un mayor bienestar.

Evitar conflicto

Otra manera de actuar es retirarlo del conflicto, dejar que se relaje y aclarándole al niño que no hay otra solución, pero que no lo vea como un castigo, sino una manera de encontrar la calma para poder afrontar el problema.

Opinar asertivamente

Controlar nuestras opiniones sobre ellos y pensar siempre en positivo para que así pueda aprender y mejorar su capacidad emocional, ya que el efecto Pigmalión, se le llama a las expectativas que se tiene ante una situación y muestra que la  opinión preconcebida  que  el padre  o  el  profesor  puedan  tener  del  niño condiciona la forma de interactuar con él y afecta a su conducta.

¡Yo puedo!

Conseguir que aprendan a ver la relación entre su esfuerzo y el éxito que depende siempre de ellos mismos para ellos, se puede plantear estrategias en donde se potencian pensamientos positivos que les ayuden a afrontar retos, “¡Yo puedo!.

Pensamientos positivos

Desarrollar en ellos habilidades para pensar positivamente de sí, confiar en sus potenciales y creer en sus propios logros. ¡Lo haré  bien!”, son  frases que ellos se irán repitiendo para no hacerse dependientes de la aprobación de los demás.

Evitar que se frustren

Hay también que tener en cuenta sus posibilidades para saber lo que se les puede ir pidiendo y no hacer que caigan en una frustración por no conseguir sus objetivos.

Evolución en sus actividades

Y poco a poco ir proporcionándoles actividades y responsabilidades cada vez más difícil.

Jugar para encontrar soluciones

Con el juego pueden inventar alternativas a un problema y elegir cuál es la mejor. Mediante el juego simbólico o de ficción, el niño podrá expresar qué situaciones le preocupan más, plantear alternativas y evaluar las consecuencias de sus  acciones. El juego es una buena forma para que el niño participe, se exprese y desarrolle sus emociones.

“El déficit de inteligencia emocional repercute en numerosos aspectos de la vida cotidiana, desde la infancia hasta la vida adulta. El descuido de la inteligencia emocional puede arruinar muchas carreras y en el caso de niños y adolescentes, conducir a la depresión, trastornos alimentarios, agresividad o delincuencia”, concluye la psicóloga.