“Mi aporte a Profuturo fue ser el puente para poder llegar a los niños en Mazamari”

Noel Lindo, último de izquierda a derecha, comparte con el equipo de voluntarios Telefónica y Fundación Bancaria La Caixa.




Noel Lindo, fue uno de los 14 voluntarios de Telefónica y Fundación Bancaria La Caixa, impulsoras de ProFuturo, que viajaron a Mazamari –un pequeño pueblo ubicado en la provincia peruana de Junín– para contribuir a fortalecer las competencias digitales en la Institución Educativa Aldea del Niño Beato Junípero Serra, donde realizaron distintas actividades  profesores, y las niñas y niños de primero a tercer grado. Aquí Noel nos cuenta su experiencia.

 

Me sentí muy feliz de recibir la invitación de ser parte de la primer edición del Voluntariado de Profuturo, ya que me había inscrito con muchas ganas de ayudar en algún lugar donde fuera necesario, que son muchos los lugares que necesitan un poco de ayuda. El primer acercamiento para conocer más sobre Profuturo y su apuesta por la educación fue emocionante. Además, al saber que es lo que nos estaban pidiendo hacer en el colegio fue un reto, ya que involucraba capacitarnos, prepararnos y llegar a ponerlo en práctica con las personas a la que les llevamos la ayuda.

El encuentro con Mazamari

Llegar a la Aldea del Niño Beato Junípero Serra fue una experiencia inolvidable. Fue sorprendente ver a todos los niños esperando en la puerta del colegio para desearnos “Paz y Bien”, el saludo que siempre te dan al llegar al colegio. La felicidad en las caras no solo de los niños, sino también en la cara de los maestros, padres de familia y de la Madre Hermilda, promotora del centro, nos llenó de alegría y nos aseguró a cada uno de los 14 voluntarios ahí presentes que todo iba a ser excelente.


Hacer un grupo con personas de distintas partes del mundo, de distintas edad, con distintas culturas y costumbres, puede ser un poco complicado, pero cuando esas personas se reúnen con un objetivo en común, que va a cambiar la vida de muchas personas, el grupo se convierte en una gran familia que logra superar los retos que se presentan de la mejor manera.


Nos organizamos para poder realizar todas las actividades que teníamos planeadas, y un par que no teníamos planeadas, pero que logramos hacer con todo el ánimo que siempre nos representó. Las tres principales actividades y el centro del proyecto fueron:

  1. Capacitar a los profesores sobre el uso de la maleta digital Profuturo y la plataforma WeClass para poder mejorar la manera en que dan sus clases y hacer más interactivas las lecciones para los alumnos, con el apoyo de tecnología.
  2. Realizar una clase de prueba con todos los niños que iban a manipular las tablets en clase para enseñarles la aplicación y que supieran como utilizarla, para lo que preparamos clases sobre nuestros países y regiones y hacer la clase un poco más interesante.
  3. Habilitar un aula de clases para convertirla en Aula de Idiomas, donde los niños van a utilizar las tablets y las herramientas que les proporcionamos. Fue la oportunidad de dejar físicamente nuestra huella en el colegio, la cual la logramos con un mural en el que pusimos nuestras manos.

 

La satisfacción que sentíamos cada vez que teníamos una clase con los niños y ver sus ganas de aprender y conocer no solo de la aplicación, sino que tratar de conocernos a todos y aprovechar para conocer algo de nuestros países fue increíble. Los profesores no se quedaban atrás y podíamos ver que estaban listos para utilizar la aplicación para que sus clases fueran más animadas y atractivas a los alumnos. Creo que este enfoque de intercambio de conocimientos que se está implementando en los proyectos, permite una mayor interacción con las personas a las que se está ayudando, te permite conocerlos

El aprendizaje fue en todos los sentidos, y personalmente pude aprender de muchas culturas en tan poco tiempo. En la aldea se encuentran albergados casi 200 niños pertenecientes a las comunidades indígenas ashaninkaskakintes nomatziguengas. Además, asisten a la escuela alrededor de 700 alumnos, y a eso le sumamos que veníamos voluntarios de España, Andorra, Panamá, Uruguay, Nicaragua y por supuesto de Perú. Era un crisol de culturas que hizo la experiencia más gratificante aún. Disfrutamos del calor humano y amor que la Madre Hermilda siente por sus niños y como se encarga de cada una de sus necesidades, lo cual hacía por nosotros también con mucho cariño.

Dos semanas se sintieron como meses en la escuela, porque teníamos tantas anécdotas que contar y realizábamos tantas actividades que los días parecían estirarse para que pudiéramos terminar todo. Los voluntarios nos convertimos en familia y disfrutábamos de todos los momentos juntos y de los trabajos que realizábamos. Además del trabajo pudimos realizar un poco de actividades extras que hicieron mejor la experiencia. Conocimos cataratas, ciudades, comunidades indígenas, realizamos cenas, juegos, mirábamos películas juntos. Al finalizar la experiencia fue algo duro. La alegría de regresar a casa con la familia y amigos, pero la tristeza de despedirnos de este pequeño grupo de personas que ahora considero como mi familia.

El mayor aprendizaje

Personalmente, lo principal que pude aprender de toda esta experiencia es que cuando las personas tienen un sueño y determinación, mueven cielo y tierra para cumplir sus metas. Lo vimos en el fundador de la escuela que quería algo mejor para los niños, los niños que viajan horas para poder ir a clases y algunos hasta viven ahí para seguir sus sueños y mejorar sus vidas, las monjas que dirigen la escuela que hacen los imposible para que sus alumnos tengan todo lo que necesitan, la maleta en si es un sueño logrado que va a ayudar a cumplir muchos sueños.

Esta experiencia me ha permitido ver que no importa de dónde vengamos, que lenguas hablemos, todos tenemos el mismo sueño de ser mejores personas, y luchamos constantemente para lograr ese sueño. Poder ser parte de este proceso me ha permito disfrutar más lo que hago y apreciar las oportunidades que se me presentan en la vida, ya que no todos tienen esas facilidades.

Mi aporte a Profuturo fue ser el puente que se necesitaba para poder llegar a los niños en Mazamari para que estos pudieran disfrutar de nuevas herramientas en sus clases y tuvieran una mejor preparación para sus futuros.